La biodiversidad de los ecosistemas de bosque seco tropical y bosque seco premontano de Barichara es única en Colombia por sus características ecológicas. También es evidente que están sufriendo una degradación acelerada. Esta es la síntesis de las estrategias que la ecóloga Irina Mendoza plantea para conservarlos y regenerarlos, y la razón por la que ninguna de ellas funciona sola.
Por qué tienen que ir juntas
Proteger y regenerar estos ecosistemas exige priorizar estrategias en varios frentes de manera integral. No es una lista de opciones entre las que elegir: es un conjunto en el que cada pieza sostiene a las demás. La restauración sin educación no tiene quién la continúe; la participación social sin respaldo institucional se agota; la ley sin conocimiento del territorio se aplica a ciegas.
1. Educación, y educación vivencial
Solo podemos cuidar lo que conocemos. Por eso educarnos es la prioridad número uno.
Educarnos significa entender cómo funcionan los ecosistemas de este territorio, y para eso hay que estudiar la fauna, la flora y los aspectos ecológicos que moldean sus relaciones. Ese conocimiento permite dos cosas: entender qué tenemos realmente, y entender por qué cualquier alteración del equilibrio natural puede tener impactos negativos, muchas veces irreversibles. Además, conocer la biodiversidad y sus dinámicas es lo que permite después diseñar estrategias de conservación que aceleren la regeneración.
La educación debe ser vivencial: aprender en contacto directo con la naturaleza es la mejor forma de hacerlo. En Barichara ya existen procesos así, como los del Bioparque Móncora. Lo que falta es amplificarlos y llevarlos a todas las veredas rurales, para que niños, jóvenes y adultos profundicen en el conocimiento de sus propios ecosistemas.
2. Restauración ecológica y áreas de conservación
La restauración ecológica es una disciplina científica: a partir del conocimiento de la estructura y la función de los ecosistemas, desarrolla estrategias prácticas para restaurarlos. Sus dos vías principales son la reforestación y la regeneración natural.
Reforestar exige saber cuáles son los árboles nativos adecuados para cada área. De ahí la importancia de crear viveros donde se reproduzcan esos árboles y plantas nativas.
La regeneración natural es, en cierto modo, la estrategia más sencilla: consiste en dejar que la naturaleza misma restaure el ecosistema. Ocurre cuando se permite que germinen las semillas presentes en el suelo, que los animales dispersen y polinicen, y que el entramado ecológico reconstruya el bosque por su cuenta. Para que funcione es clave erradicar las plantas exóticas invasoras.
En ambos casos hace falta asesoría científica: cada área tiene características particulares que hay que tener en cuenta antes de intervenirla.
Y falta una figura que hoy no existe. Los relictos de bosque que aún se conservan necesitan una protección formal que garantice su preservación, especialmente porque en Barichara quedan pocas áreas de bosque continuo en buen estado y porque, a diferencia de otros municipios con bosque seco, aquí no hay zonas de reserva establecidas.
3. Participación social y producción sostenible
La participación de quienes viven en las veredas y en el casco urbano es el factor social decisivo. Sin ella, ninguna estrategia de conservación se sostiene.
En las zonas rurales eso pasa por educación sobre prácticas productivas sostenibles: formas de ganadería que reduzcan al mínimo el impacto sobre los ecosistemas, y prácticas agrícolas como la agroecología y la agricultura sintrópica, que apoyan a la vez la conservación y la regeneración.
En el casco urbano ya hay un cinturón verde declarado patrimonio del pueblo. Respetarlo, cuidarlo y ampliarlo es un mecanismo enorme de conservación de la biodiversidad.
Barichara tiene ya una participación social notable, con líderes y personas de distintas disciplinas comprometidas con el cuidado ambiental. Lo que aún hace falta es que ese trabajo se articule cada vez más con la administración municipal y con las entidades ambientales, mejorar los mecanismos de comunicación y divulgación, y garantizar la financiación de los proyectos.
4. Participación interinstitucional
Que la ciudadanía sea hoy una fortaleza no basta. Para que el trabajo sea realmente efectivo, las instituciones con competencia ambiental tienen que involucrarse plenamente en los procesos de conservación y regeneración.
Eso también es tarea ciudadana: educarnos para saber qué entidades municipales, regionales y nacionales pueden apoyar estas estrategias, y buscarlas activamente para lograr su participación.
5. Cumplir las políticas públicas y la ley ambiental
Colombia tiene una de las mejores legislaciones ambientales del mundo. Para el bioma de bosque seco tropical existe el Programa Nacional para la Conservación y Restauración del Bosque Seco Tropical en Colombia, con un plan de acción de 2020 a 2030 y varias líneas de acción: gestión del conocimiento, preservación y protección, restauración ecológica, uso sostenible, gestión del riesgo y cambio climático, y gobernanza.
Hay además una oportunidad concreta y con fecha. Barichara está en proceso de actualizar su esquema de ordenamiento territorial, y ese proceso permite priorizar la protección y la restauración de los ecosistemas naturales y diseñar estrategias sociales y productivas alineadas con ese objetivo.
Falta revisar los planes de manejo regionales que involucran la conservación de estos ecosistemas, como los planes de cuenca hidrográfica, donde la articulación entre municipios es fundamental. Y falta cumplir las leyes ambientales específicas, como la protección de las rondas hídricas y los nacimientos de agua, que son las que garantizan la conservación de las fuentes.
De la conciencia al compromiso
Todas estas estrategias son un camino para cumplir de verdad con el papel de guardianes de una naturaleza que nos sostiene y que nos permite habitar este territorio. La forma en que las llevemos a la acción definirá el bienestar de los ecosistemas y, al mismo tiempo, el nuestro.
Reconocer que el bosque, el agua y toda la biodiversidad de Barichara son parte de nosotros alimenta el sentido de pertenencia y el amor por la tierra que habitamos. Hoy más que nunca es momento de asumir esa conciencia y transformarla en compromiso. El tiempo de regenerar y proteger nuestro hogar es ahora.