En Barichara la tierra suele reunir a la gente. Aquí, donde el bosque seco aprende a renacer y las piedras guardan caminos antiguos, los encuentros casi nunca son casualidad: la gente llega movida por preguntas, por ganas de aprender, o por ese llamado silencioso que hace el territorio cuando quiere compartir algo.
Esta vez las visitantes fueron Funimos, una fundación territorial de Medellín que trabaja por fortalecer procesos comunitarios y regenerativos, y que llegó a profundizar en lo que significa regenerar un territorio desde adentro.
Cinco procesos en varios días
Durante varios días el grupo recorrió procesos que llevan años sembrando esperanza en esta bioregión: Casa Común, Origen del Agua, el Bioparque Móncora, Sueños del Bosque y Caney Colibrí. En cada lugar una historia distinta de cuidado, de restauración y de comunidad, y un ángulo distinto sobre el mismo problema.
Juntos exploraron la economía regenerativa, la educación para la vida, la recuperación de ecosistemas y algo que en la práctica resulta más difícil que cualquiera de las tres: la importancia de coordinarnos entre quienes habitamos un mismo territorio.
Lo que se dice cuando ya no se está explicando
Los mejores momentos de un encuentro así no son las presentaciones. Son las frases sueltas.
Alguien explica, casi de pasada, que Colombia tiene la mayor diversidad de orquídeas registrada del mundo. Alguien que trabaja en Casa Común lo resume sin rodeos: «Casa Común para mí fue como un hogar. Es mi hogar, pues. Y todas las personas que trabajan acá son como una familia para mí».
Y aparece también la observación incómoda, la que da la vuelta a todo el asunto: que hay algo en lo que ni siquiera nos pensamos (el alma, el corazón, el propio ser) que quiere hablarnos hoy en día y al que no escuchamos. La misma dificultad que tenemos con el territorio, hacia dentro.
Regenerar es también tejer vínculos
Ese es el aprendizaje que dejó el encuentro. Cuando nos escuchamos y aprendemos colectivamente, las fronteras se vuelven puentes: lo que ocurre en Barichara puede inspirar lo que ocurre en Medellín, y al revés.
Es la misma idea que sostiene el trabajo bioregional. Ningún territorio se cuida solo, y ninguna experiencia sirve de mucho si se queda encerrada en el lugar donde ocurrió.
El encuentro fue posible gracias a Funimos, a la Design School for Regenerating Earth, al movimiento de fundaciones territoriales y a Barichara Regenerativa.