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Serie Bioregiones 3: Un solo río, muchos mundos

Del frailejón al cactus hay un solo río. Seguimos el Fonce desde el páramo hasta el cañón seco del Suárez, bajo Barichara.

Un frailejón de hojas plateadas en primer plano frente a las montañas del páramo

¿Cuántas maneras distintas de vivir caben en una montaña? Para responder hay que subir, porque en el trópico subir una montaña es atravesar muchos mundos ecológicos. En este episodio seguimos un solo río de Santander, el Fonce, desde donde nace hasta donde se pierde en un cañón caliente.

Arriba: el páramo

El agua que alimenta al Fonce nace en el páramo de La Rusia, dentro del Santuario de Fauna y Flora Guanentá Alto Río Fonce, entre Santander y Boyacá. Allá arriba, entre frailejones y lagunas de alta montaña, hace frío y la neblina casi no se va. El agua nace clara.

Bajando, el río atraviesa bosques de niebla y uno de los bosques de roble más grandes de la cordillera Oriental, con el roble andino, Quercus humboldtii. Es tierra fría: el piso de la papa, de las mañanas heladas y de los bosques que capturan agua de la neblina.

En el medio: tierra templada

Más abajo, el Fonce toma su nombre en Charalá y pasa por San Gil. Muy cerca está Barichara, a unos 1.300 metros, al borde de una meseta. Es tierra templada, y allí la gente aprendió a construir con lo que daba el suelo: casas de tapia pisada, muros de tierra apisonada capa por capa que todavía hoy guardan el fresco.

Abajo: el cañón seco

Al fondo, entre cactus y bosque seco, el Fonce se une al río Suárez, el que los guanes llamaban Saravita. Ya es un río grande y fuerte que corre por un cañón donde casi no llueve. El agua que no le llueve a ese cañón le llega de arriba, del páramo. Es tierra caliente: el piso de la yuca y del algodón.

Distintos, pero conectados

Un solo río, muchos mundos. Por eso estas montañas son tan diversas, y por eso la gente aprendió a vivir distinto en cada piso. Los guanes tejían algodón de tierra caliente; los muiscas sacaban sal de las montañas frías. Se encontraban para intercambiar, y caminos de piedra, como los que hoy llamamos caminos reales, unían un piso con otro. Por esos caminos se movió la vida durante siglos.

Una bioregión no es un lugar donde todo es igual. Es un lugar donde cada parte depende de las otras: lo que pasa en el páramo llega al cañón, y el páramo depende de que alguien lo cuide. Lo que se cuida arriba, llega abajo.

Para pensar

¿En qué piso vives tú? ¿Páramo, tierra fría, templada o caliente? ¿Y de qué piso viene tu agua?

En el próximo episodio hacemos otra pregunta: ¿las ciudades también son parte de la bioregión?

Imagen: frailejón (Espeletia cachaluensis) en el Santuario Guanentá Alto Río Fonce. Foto de Nicolás Ramírez, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0, recortada.


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